Tipo de cliente y problema que resuelves.
Servicios prioritarios y trabajos que no recibes.
Información mínima para preparar una cotización.
Quién evalúa cada solicitud y cómo responde.
Haz explícita tu cobertura
Anota dónde opera tu empresa y hasta dónde se desplaza, sin convertir la lista en una promesa de atención ilimitada. Define si la cobertura cambia según servicio, tamaño del proyecto o agenda. Para un negocio que visita al cliente, un código postal puede ayudar a clasificar solicitudes sin pedir la dirección completa en el primer contacto.
Si necesitas mostrar tu negocio en Google, usa información real y revisa las condiciones del Perfil de Empresa. No inventes una oficina para parecer más cercano. La web puede explicar claramente cómo atiendes sin atribuirte una ubicación que no tienes.
Referencia: directrices para representar una empresa en Google
Prepara evidencia que puedas publicar
Selecciona imágenes autorizadas del trabajo y anota qué muestran. Elimina direcciones, placas o datos del cliente que no deban hacerse públicos. Un antes y después necesita contexto: qué se hizo y qué no demuestra la fotografía. Si vas a mostrar un testimonio, confirma autorización y conserva su sentido original.
Logo y archivos de marca disponibles.
Fotografías propias con autorización de uso.
Descripción de proyectos sin datos privados.
Credenciales comprobables, solo cuando apliquen.
Respuestas a dudas que ya recibe tu equipo.
Decide qué debe ocurrir después del contacto
Elige quién recibe formularios, llamadas o mensajes. Especifica el horario real de atención y el tiempo de respuesta que puedes sostener; no publiques atención permanente si depende de que una sola persona esté disponible. Si usas CRM o agenda, comparte el nombre de la herramienta para evaluar la integración, no las contraseñas en un documento abierto.
Pide una propuesta que se pueda verificar
La propuesta debería enumerar páginas, idiomas, contenido, revisiones, funcionalidades, responsabilidades y costos externos. También debe indicar cómo se probará el sitio y qué acompañamiento existe después de publicarlo. Si reemplazas una web, incluye dominio, URLs actuales y accesos necesarios en el alcance de migración.
No necesitas resolver todas las decisiones antes de hablar con un proveedor. Sí conviene distinguir lo que ya existe de lo que hay que producir. Con un brief honesto es más fácil priorizar una primera versión útil y dejar mejoras posteriores identificadas, sin prometer una web enorme que tu equipo no podrá mantener.
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