Servicio: qué incluye, qué excluye y dónde se presta.
Confianza: materiales verificables que el visitante puede comprender.
Contacto: idioma de respuesta y responsable de recibir solicitudes.
Operación: disponibilidad, cobertura y condiciones que no deben cambiar entre versiones.
Da a cada versión una dirección estable
Google recomienda usar URLs diferentes para los idiomas y relacionar las versiones equivalentes. Un patrón como /es/servicios/ y /en/services/ puede ayudar a organizar un proyecto nuevo, pero no es necesario cambiar un sitio que ya tiene otra estructura coherente. Elige una convención que puedas mantener.
Hreflang sirve para indicar alternativas equivalentes, no para vincular dos servicios diferentes porque comparten país. Una página que vende diseño web y un artículo que enseña a elegir proveedor no son traducciones entre sí. Tampoco hace falta inventar una versión inglesa vacía para añadir esa etiqueta.
Referencia: gestión de sitios multirregionales y multilingües de Google
Prueba el cambio de idioma como si fueras un cliente
Abre una página interna, cambia de idioma y comprueba que llegas a su equivalente, no siempre a la portada. Revisa títulos, botones, errores del formulario y confirmaciones. Si una traducción todavía no existe, evita ofrecer un enlace que termine en una página vacía. Quien recibe un error de validación también debe entender cómo resolverlo.
Comprueba teléfonos y enlaces de contacto en cada versión.
Revisa la redacción con una persona competente en el idioma.
Mantén las condiciones comerciales consistentes.
Revisa cada versión en móvil, donde los textos ocupan espacios distintos.
Mide si cada versión ayuda a conseguir contactos útiles
Define solicitudes recibidas correctamente como una etapa diferente de abrir el formulario. Revisa después qué servicios, páginas e idiomas producen conversaciones que tu equipo puede atender. Si una versión atrae consultas que siempre debes rechazar, el problema puede estar en la promesa o en el alcance publicado, no en la traducción.
Antes de contratar, pide que la propuesta indique cuántas páginas se traducen, quién revisa el idioma y cómo se actualizarán ambas versiones. Un precio de diseño no incluye necesariamente traducción, contenidos ni mantenimiento. Dejarlo claro evita tener una mitad del sitio actualizada y otra con información vieja.
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